Francisco insta a católicos a romper ataduras de lo mundano

El Papa Francisco ha instado a los fieles católicos a rechazar todo lo que está vinculado al pecado, es decir, “la mentalidad mundana, el apego excesivo a las comodidades, al placer, al bienestar, a las riquezas”.

Del mismo modo, ante los pocos peregrinos que se han acercado hasta la plaza de San Pedro del Vaticano para escuchar el Ángelus de este domingo, ha incidido en que la conversión es “una Gracia” que proviene de Dios y que “nadie lo puede hacer con las propias fuerzas”.

“Recordad la ternura de Dios. Dios no es un padre malo, es tierno. Nos ama mucho”, subrayó. Francisco ha reflexionado durante el rezo dominical sobre el itinerario de la conversión como resultado de la búsqueda de Dios y de su reino, que significa “cambiar de dirección” y “cambiar el modo de pensar”.

Destacó que el “abandono de las comodidades y la mentalidad mundana no es un fin en sí mismo”, sino que tiene como objetivo lograr “el reino de Dios”, “la comunión con Dios” y “la amistad con Dios”.

Francisco ha reconocido que esto “no es fácil” porque son muchas “las ataduras” que mantienen a las personas cerca del pecado como “la inconstancia”, “el desánimo”, “la malicia”, “el mal ambiente” y “los malos ejemplos”.

En este sentido, ha alertado de “una existencia mediocre” en la que se siente la tentación de “decir que es imposible convertirse de verdad”. Y ha invitado a abrirse “a la belleza, la bondad y la ternura de Dios” que deja atrás “lo falso y lo efímero” por “lo verdadero, lo bello y duradero”.

En este segundo domingo de Adviento, el Papa reflexionó sobre la figura y la obra de Juan el Bautista quien “señaló a sus contemporáneos un itinerario de fe similar al que el Adviento nos propone a nosotros”. Este itinerario de fe –afirmó el Pontífice– es un itinerario de conversión.

Tal como enseñaba el Bautista, agregó, que en el desierto de Judea proclamaba “un bautismo de conversión para perdón de los pecados”, convertirse, explicó Francisco “significa pasar del mal al bien, del pecado al amor de Dios”, tanto en la vida moral como espiritual.

En aquel entonces, “recibir el bautismo era un signo externo y visible de la conversión” de quienes escuchaban la predicación del Bautista y “decidían hacer penitencia”. Sin embargo, el bautismo “era inútil sin la voluntad de arrepentirse y cambiar de vida”, aseguró Francisco.

“La conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida. Para excluir el pecado, hay que rechazar también todo lo que está relacionado con él: la mentalidad mundana, el apego excesivo a las comodidades, el apego excesivo al placer, al bienestar, a las riquezas.”

Juan el Bautista, un hombre austero, que renuncia a lo superfluo y busca lo esencial”, señaló Francisco, “es el ejemplo de este desapego del pecado y de la mundanidad”.

Tras el rezo mariano, el Pontífice pidió que, en estos días, en los que en tantos hogares se preparan el árbol de Navidad y el pesebre “para la alegría de chicos y grandes”, vayamos más allá de estos “signos de esperanza”, es decir, a su significado: a Jesús, el amor de Dios que Él nos reveló y a la bondad infinita que hizo resplandecer en el mundo.

“No hay ninguna pandemia, ninguna crisis que pueda apagar esta luz. Dejémosla entrar en nuestros corazones, y tendamos la mano a los más necesitados. Así Dios nacerá de nuevo en nosotros y entre nosotros”, concluyó el Papa Francisco.

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