Reyna Petrona, una vida de violencia y un femicida impune

Aquí descansan los restos de Reyna Petrona.

Denunciar la violencia a la que era sometida por su cónyuge y entablar un proceso judicial por el pago de pensión alimenticia le costó la vida a la sub oficial Reyna Petrona Almendárez, una joven de estatura media, piel clara, pelo negro, en plenitud de la vida, quien fue ultimada a manos de su ex pareja y también oficial de la policía Gerington Charly Simion, quien tras cuatro año del cobarde crimen sigue prófugo.

La vida de Reyna Petrona estuvo marcada por la falta de amor materno, pues su madre murió cuando ella era una adolescente, por lo que creció con su papá, hermanas y hermanos.

Siendo muy joven entabló su primera relación amorosa en la que procreó dos hijos (una niña y un niño), la relación no funcionó y se separaron. Al verse sola y con dos hijos y ante la falta de empleo, optó por ingresar a la academia de policía Walter Mendoza Martínez, buscando ingresar a las filas de la institución policial a fin de tener un empleo y sacar adelante a sus pequeños.

La sub oficial Reyna Petrona Almendárez.
La sub oficial Reyna Petrona Almendárez.

Al graduarse de la academia regresó a su natal Siuna a trabajar en la delegación del municipio, siendo asignada como agente de tránsito. Ahí conoció a Gerington Charly Simion, que también era policía, con quien convivió y de esa relación nació su tercer hijo.

Charly Simion es de etnia Mayagna, al momento del crimen fungía como  jefe de sector en el municipio de Bonanza, luego del crimen fue escudado por las familias indígenas y así burlar los operativos de búsqueda.

La relación de Reyna Petrona y Charly Simion fue marcada por la violencia, quien incluso estuvo detenido por la agredirla físicamente, pero fue liberado días después, “Una vez vino ese hombre hasta mi casa y sin importarle que yo estaba le pegó y le dejó el ojo morado”, narró su hermana Tomasa García Picado, por eso ella decidió dejarlo. “Puso la denuncia en la policía, lo arrestaron tres días, pero luego lo soltaron para que no perdiera su trabajo”.

¿Protegido?

La denuncia de Reyna Petrona sobre la violencia a la cual era sometida, no próspero, este fue liberado y luego reubicado en la delegación policial de Bonanza.

El oficial se desobligó del niño que había nacido de la relación entre ambos, por lo que Reyna Petrona interpuso una demanda por pensión de alimento. Al parecer eso enfadó más al agresor y estando en Bonanza viajó hasta Siuna, llegó a eso de las 10:30 de la noche del 10 de junio del 2013, a casa de Reyna Petrona situada en el barrio Sol de Libertad, ambos protagonizaron una fuerte discusión que terminó trágicamente con la detonación de un arma. Al día siguiente se realizaría la primera audiencia, la cual nunca se realizó porque Reyna Petrona recibió un tiro por la espalda que le provocó la muerte. El enfurecido hombre sabía lo que había hecho y se dio a la fuga.

Reyna Petrona dejó en la orfandad a tres infantes de entre tres y un año de edad, en aquel momento.

Una imagen difícil de borrar y un amor que no logran enteder

Este crimen también destruyó la vida de la hija y los hijos de Reyna Petrona, quienes a simple vista transmiten el vacío de la pérdida de quien fue su madre, a pesar que el tiempo ha pasado para ella y ellos, el crimen les marcó la vida y esa día es recordado con el mismo peso de la trágica noche del 10 de junio.

A pesar de sus sonrisas sus miradas proyectan el dolor de su alma por la ausencia de su madre, y lo incomprensible para los dos mayores; como la persona que se supone te ama es la que cruelmente le arrebató la vida a su mamá.

Su tía y hoy encarga de los niños relata que los niños han vivido momentos difíciles, principalmente en la escuela, donde la inocencia de los demás compañeritos de clases insistían en preguntarles que si era verdad que el marido de su mama la había matado.

Con la voz entre cortada y su cabizbajo su hermana Tomasa dijo “Si en aquel momento que lo echaron preso le hubiesen puesto mente, mi hermanita estuviera viva todavía”.

Con la colaboración de Ada Madrigal y Gilberto Artola

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